Como parte del llamado Pacto Verde Europeo, la Comisión de la Unión Europea ha anunciado hace algunas semanas una propuesta para aumentar el control sobre los productos que dañan la calidad del aire. Esto permitiría no solo obtener beneficios en cuanto a la salud para todos, sino también ahorrar energía y cuidar mejor de la biodiversidad.

Lo que han observado los expertos de la Comisión es que los diversos objetivos marcados para la presencia de partículas contaminantes en el medio ambiente, y en especial en el aire, no parece que vayan a cumplirse para las fechas planteadas originalmente. En concreto, el plan marcaba unas cifras muy estrictas para llegar al objetivo del año 2050, pero estamos todavía muy lejos (algo que además varía de un país a otro). Por eso se plantean ya nuevas medidas para el año 2030, específicamente para que coincidan con las sugerencias de la Organización Mundial de la Salud y los estudios científicos más recientes.

Medidas concretas y directas

En cuanto a las medidas relativas a la calidad del aire, por ejemplo, algo que se mide constantemente y sobre lo que se actúa en consecuencia (con días de protocolos anticontaminación, prohibición de circular con ciertos vehículos, etcétera), el nuevo plan marca una reducción a más de la mitad del límite anual de las famosas partículas PM2,5; de 25 a 10 µg/m³. Esto no sólo será bueno para la salud de los ciudadanos, sino que también evitará la acidificación y que los vientos que arrastran esa contaminación acaben dañando los bosques, ecosistemas o incluso las cosechas.

Más allá del aire

Otras medidas para reducir la contaminación incluyen:

  • Obligación de controles en municipios más pequeños.
  • Mejores tratamientos de aguas residuales.
  • Nuevos estándares para medir los microplásticos y microcontaminantes.
  • Incentivar los productos libres de tóxicos.
  • Plantado de 3.000 millones de árboles en toda Europa para 2030.
  • Adquisición del 40% de energía de orígenes renovables.
  • Fin de los nuevos vehículos de gasolina y diésel para 2035.

Otro detalle interesante es la ampliación del concepto «quien contamina paga». Esto incluirá la obligación para ciertas industrias y fabricantes de sufragar los costes de eliminación de los microcontaminantes más tóxicos (por ej. de los cosméticos y productos farmacéuticos, que son alrededor del 92% de los que llegan a las aguas residuales). Lo mismo puede suceder si las mediciones de la calidad del aire indican que localmente hay industrias, edificios o vehículos que estén fuera de los límites: tendrán que hacerse responsables de las consecuencias de esa contaminación.

Muchos de estos cambios supondrán costes más altos para algunas empresas, pero la Comisión ha calculado que los beneficios duplicarán dichos costes. Esto quiere decir que las empresas que mejor se adapten a las nuevas normas estarán en ventaja, algo que además valoran mucho los compradores, tal y como dejó ver el último E-shopper Barometer 2021 europeo de DPD Group/SEUR, donde el 47% de los compradores prefieren productos respetuosos para el medio ambiente y el 50% procura elegir siempre la opción más sostenible.

En el caso de SEUR, este año se tomó la decisión de hacer más ambiciosa su estrategia de sostenibilidad, pasando de 20 a 64 las ciudades españolas de más de 50.000 habitantes en las que se realizará un reparto mediante vehículos de bajas emisiones para 2025, con el objetivo de convertirse en la compañía de transporte más sostenible del sector.

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Foto (CC) Venti Views @ Unsplash.


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