cocheelectricoCon la presencia creciente de coches eléctricos en nuestras carreteras y la gran cantidad de cambios que están impulsando en la forma y funcionamiento de las ciudades, cabe preguntarse cómo serán de aquí a unos años. Todos los pronósticos apuntan a que el vehículo eléctrico (al igual que en su día el PC) ya tiene su forma bien definida y no cambiará sustancialmente en los próximos años. Las grandes mejoras estarán bajo el capó y se centrarán en el mayor reto del momento: extender la autonomía por carga.

El campo de trabajo principal se centra en extender la autonomía de las baterías por cada carga, la principal desventaja del vehículo eléctrico. En este momento, la autonomía ronda los 160 kilómetros por carga, lo que todavía dista bastante de los 650 kilómetros que, en promedio, un vehículo de gasolina puede recorrer con un depósito. Sin embargo, hay varios factores que invitan a pensar en un gran cambio en este aspecto de aquí a 2020.

En primer lugar, el desarrollo de las baterías. Por un lado, los fabricantes están mejorando su eficiencia constantemente. Tesla, el fabricante puntero en este campo, prevé autonomías de hasta 320 kilómetros por carga en un par de años. Pero, aunque esta cifra todavía no nos impresione, tenemos que ponerla en contexto con otro elemento muy importante: las estaciones de carga.

La presencia de estaciones de recarga continúa expandiéndose en los países más avanzados en el desarrollo del vehículo eléctrico. En el pasado, Tesla invirtió en colocar estaciones de recarga por todo EE.UU. para permitir viajes más largos. La tendencia llega ya a colocarlas en centros comerciales (aunque los datos indican que la mayoría de los propietarios recargan su coche en casa durante la noche). Si tenemos en cuenta que la carga rápida necesita unos 30 minutos en este momento, una parte considerable del esfuerzo actual reside en reducirlo al máximo. Imaginemos un escenario con autonomías de 300 kilómetros por carga y tan sólo cinco minutos de recarga. Son kilómetros de sobra para la conducción diaria y perfectamente asumibles teniendo estaciones de carga bien distribuidas.

En segundo lugar, gran parte del esfuerzo se está centrando en el desarrollo de materiales más ligeros para el vehículo eléctrico. Es otra forma de aumentar la autonomía, reduciendo el esfuerzo necesario para mover el vehículo. Se habla ya de reemplazar el acero por aluminio (Ford ya lo ha hecho en un modelo de camioneta), e incluso de popularizar la fibra de carbono o polímeros de todo tipo.

Finalmente, tal vez el campo más interesante sea el del frenado regenerativo. Consiste en lograr la recuperación de parte de la energía generada durante el frenado a fin de recargar las baterías. Si a esto le sumamos los cambios proyectados en infraestructuras (con sistemas de recarga por inducción insertados en la carretera), la autonomía será pronto un problema del pasado. Todo esto sin tener en cuenta la llegada de los coches sin conductor, pero ese ya es otro tema.


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