Según la Organización Mundial de la Salud, el 90 por ciento de los habitantes de las ciudades respiran aire contaminado en menor o mayor medida. Esto quiere decir que aunque en algunos pequeños pueblos o zonas apartadas de las ciudades haya quien pueda respirar aire fresco, la inmensa mayoría tiene que conformarse contaminar un poco sus pulmones día tras día. En total se calcula que esto supone 8 millones de muertes prematuras al año, más que las debidas a los accidentes de tráfico, el coronavirus o el tabaco.

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Entre las soluciones para conseguir una mejor calidad del aire de las ciudades está reducir las emisiones contaminantes está un curioso invento llamado CityTree, una especie de «árbol artificial» que tiene aspecto de mobiliario urbano pero está compuesto de material natural. Aunque existen diversos modelos, todos comparten la misma idea: un musgo natural que es capaz de eliminar el óxido de nitrógeno y otras partículas y toxinas del aire.

La compañía que lo ha creado es la alemana GreenCity Solutions, a través del programa europeo Horizon2020, y su propuesta combina esta tecnología tan básica como es un simple musgo con la Internet de las Cosas y otros interesantes detalles. El formato que tiene es el de un gran armario que puede servir como banco para sentarse; una de sus características es que para maximizar su superficie el musgo actúa en vertical y tiene una estructura fractal, por lo que, aunque no ocupa muchos metros cuadrados en la acera, tiene una mayor superficie útil. Un entorno típico en el que instalarlo sería la zona de negocios de una ciudad en la que los edificios altos y rascacielos dominan el entorno.

Esta charla TED con más detalles de Liang Wu, uno de sus creadores, explica cómo el musgo en cuestión básicamente absorbe las partículas contaminantes y se las «come» convirtiéndolas en nutrientes. El riego que necesita es un sistema de irrigación que puede ser autónomo o conectado a un suministro de agua; además la humedad en la que se mantiene operativo sirve para refrescar la zona al aumentar la humedad ambiente y la sensación de frescor. Además de eso, en la parte superior puede instalarse un panel solar de modo que la electrónica de su interior funcione de forma casi autónoma.

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El CityTree no es como los árboles convenciones que se plantan y ya está: está completamente conectado y la información de sus sensores llega a la nube de Internet, donde alimentan un sistema llamado AirCare, similar al AirDiag de DPDGroup, capaz de calcular la calidad del aire en las calles en las que se han instalado y el impacto que tienen individualmente. Además de eso pueden emitir mensajes de mantenimiento y utilizarse como paneles informativos. Sus creadores aseguran que con unos pocos datos de algunas instalaciones se pueden crear simulaciones que estudien el efecto de un mayor número unidades en diferentes zonas de la ciudad, para estudiar cómo puede ser un despliegue óptimo.

En el programa de medición del la calidad del aire de SEUR se emplean sensores láser Pollutrack con equipos medidores instalados en furgonetas, hubs urbanos y puntos pickups, calibrados para medir diversos tipos de partículas mediante un conteo. Esta medición se realiza unas 5 veces por minuto y se envía a través de telefonía móvil a la red. Con los datos recibidos se alimenta una base de datos sobre el mapa de la ciudad en la que se guarda el nivel de contaminación de PM2,5 a nivel de zonas en tiempo real. A los clientes también se les ofrecen los resultados cuando hacen envíos en Madrid.

Otra versión del CityTree consiste en unos módulos cuadrados que se pueden montar sobre cualquier pared vertical, reconvirtiendo una fachada insulsa en una especie de gigantesco filtro de aire, apta para edificios de diversos tamaños y que podría renovar mucho más aire en menos tiempo.


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