La ciencia abierta propone el acceso transparente y abierto a las investigaciones científicas para cualquiera, tanto profesionales de diversos campos como público en general. A partir de ahí, cada cual utiliza esa información (datos, algoritmos, fórmulas…) como más le convenga. En contraposición a los inventores y empresas que desarrollan y guardan sus «secretos» hasta que han de patentarlos o desarrollarlos, es un concepto que plantea que es mucho mejor para todos que esa información circule libremente.

Con esta base de transparencia y apertura, cuando se trata del transporte urbano son todo tipo de empresas –incluyendo las de automoción, logística y otras– y entidades como los ayuntamientos y las organizaciones que velan por el medio ambiente, las que confían en que compartir datos, algoritmos y otros descubrimientos es algo clave.

Las bases de una ciencia abierta y una matemática para todos

Matemáticas y ciencia abierta para transformar el transporte urbanoLa ciencia abierta incluye un montón de campos del conocimiento, incluyendo las matemáticas y por extensión también el software informático, donde los movimientos del «código abierto» han propiciado grandes avances, comenzando por la misma internet. Hoy en día es común publicar trabajos científicos (papers) donde se hable de datos, modelos o simulaciones e incluir el código usado o enlaces a las grandes tablas de datos originales que se hayan procesado.

En el caso de las matemáticas y los transportes, la idea de ciencia abierta cubre un montón de aspectos:

  • Modelos y simulación. Creados como versiones ideales de las ciudades y entornos urbanos, pueden aplicarse para predecir el flujo del tráfico, identificar lugares problemáticos o planificar desarrollos futuros. También se utilizan en el interior de naves logísticas, comercio electrónico y procesos similares.
  • Optimización de rutas. Desde Google Maps a las aplicaciones profesionales, los algoritmos para trazar rutas óptimas permiten ahorrar tiempo, combustible y evitar la contaminación innecesaria de las ciudades. Estos algoritmos aprovechan información pública: los flujos de tráfico, predicción del clima o los eventos extraordinarios (accidentes, obras…).
  • Sistemas de transporte inteligente. En algunos lugares, los datos de las llamadas «ciudades inteligentes», como por ejemplo el estado de los semáforos, la disponibilidad de aparcamientos o los horarios de transporte ayudan a optimizar los transportes de paquetería o el transporte público.
  • Mapas y grandes conjuntos de datos. Las matemáticas ayudan a analizar los datos cartográficos, de los GPS y otros como los que generan los sistemas de transporte urbano (autobuses, tranvías, metro…) para interactuar con otros en el corazón de las ciudades. Si un ayuntamiento cuenta con información sobre cada plaza de aparcamiento, farola o árbol, ¿por qué no compartirla?
  • Planificación y sostenibilidad. Los modelos matemáticos pueden usarse para planificar, predecir y evaluar diversas soluciones de transporte sostenible en las ciudades. Esto puede simularse para comprobar su validez si los datos abiertos de que se dispone son representativos y suficientes.

Entre las áreas matemáticas que más se benefician de la ciencia abierta están todos los trabajos relacionados con teoría de grafos y redes complejas, optimización, teoría de colas, modelos estocásticos, y naturalmente, el problema del viajante como máxima expresión. Este problema es un famoso ejercicio teórico y práctico sobre cómo visitar una serie de ciudades en un tiempo o distancia mínimos, sin repetir visitas, algo común para cualquier empresa de logística o transportes. Con el paso de las décadas los ordenadores permitieron conseguir soluciones óptimas, pero para un número muy grande de puntos la solución no es trivial y sólo se puede aproximar.

La ciencia abierta como transformadora

Como guía en la que se enmarca todo esto existe la llamada Estrategia Nacional de Ciencia Abierta (2023-2027) promovida por el Ministerio de Ciencia e Innovación de España, que se enfoca en seis áreas:

  1. Acceso abierto al resultado de las investigaciones
  2. Datos, protocolos y metodología abiertos
  3. Plataformas de código abierto
  4. Revisión por pares abierta
  5. Ciencia ciudadana
  6. Nuevas formas de medir el rendimiento de investigación

Cuando estos planteamientos se aplican a gran escala, pueden proporcionar grandes ventajas a quienes «abren sus datos» y al mismo tiempo aprovechan los de los demás:

  • Colaboración regional e internacional. Cuando se puede acceder a datos, algoritmos, modelos y otros componentes de los que suelen utilizarse en la ciencia abierta se abren interesantes oportunidades de colaboración internacional y transferencia de conocimiento: las soluciones ideadas en una ciudad o país pueden servir para otros y lo aprendido en un lugar puede ser explotado en otro de las mismas características.
  • Colaboración ciudadana. Que los datos sean abiertos motivan a que no solo los expertos y científicos participen en los proyectos. En cuestiones relativas al transporte urbano a veces se puede involucrar a los ciudadanos particulares para que colaboren con apps, aportando datos o haciéndose voluntarios para algún tipo de proyecto piloto experimental.
  • Innovación en política y planificación. Para las autoridades responsables de las ciudades, contar con datos transparentes y abiertos suele ser un «plus» que añadir a sus propuestas. El respaldo científico siempre está bien visto y proporciona un buen punto de apoyo para cualquier iniciativa.

Iniciativas para cambiar las ciudades

En España iniciativas como la Plataforma de Gobierno Abierto, Colaborativo e Interoperable en la que participan A Coruña, Madrid, Santiago de Compostela y Zaragoza junto con Red.es incluye soluciones para la publicación de datos abiertos y la mejora de la transparencia en la gestión urbana​​.

En Barcelona, el Repositorio Abierto de Conocimiento del Ayuntamiento publica de forma accesible todos los estudios, informes y documentos científicos generados por sus Universidades. En Valencia, PoliScience facilita la difusión de datos, bajo la idea de «ciencia 2.0».

Y para quienes quieran poner sus proyectos a prueba, la Sociedad Matemática Francesa tiene los Premios Demailly que premian a la mejor investigación matemática en ciencia abierta cada año.

La cuestión última para quienes defienden la ciencia y las matemáticas abiertas no es tanto si son mejores o peores –porque ya han demostrado su valía en muchos campos– sino cómo implementarlas y participar «en la fiesta» cuanto antes. Cuantos más datos, algoritmos, modelos e información se comparta, mejor para todos.

Foto (CC) Maria Teneva @ Unsplash.


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