Ventas de vehículos eléctricos

Que los coches eléctricos, más ecológicos y menos contaminantes, son el futuro del transporte parece algo claro desde que la tecnología permitió que pudieran competir de tú a tú con los turismos convencionales en cuanto a prestaciones, seguridad y autonomía. No en vano, el hecho de que los primeros coches de la historia, que eran eléctricos fueran reemplazados por los de combustión es casi una mera casualidad: la de que al mismo tiempo existiera un combustible de similares prestaciones pero infinitamente abundante y más barato – aunque esa infinitud se haya tornado escasez un siglo después.

Los expertos del grupo Bloomberg New Energy Finance han publicado en un artículo titulado Here’s How Electric Cars Will Cause the Next Oil Crisis algunos datos sobre cuáles son sus predicciones para el futuro de los coches eléctricos. ¿Triunfarán a corto, medio o largo plazo? ¿De qué dependerá su éxito? Y, lo que es más importante, ¿qué sucederá con el mercado del petróleo entonces? Los datos analizados por sus especialistas difieren bastante de los que se manejan en otros entornos.

Hoy en día los coches eléctricos son una pura rareza y apenas suponen el 0,1 por ciento de las unidades vendidas en la gran mayoría de los países. Pero a veces la gente decide cambiarse de coche por cuestiones de precio, concienciación u otras razones. Tesla, cuyos coches son cien por cien eléctricos y de gama alta, han conseguido hacer que los compradores reserven 250.000 unidades de su nuevo Model 3 en un par de días –pagando 1.000 dólares por adelantado– aunque ese modelo no llegará al mercado hasta el 2017 y costará ni más ni menos que 35.000 dólares, unos 31.000 euros. Lo llaman el iPhone de los coches eléctricos. Todo un paralelismo respecto a lo rápido que un cambio tecnológico de «paradigma» puede llegar a ser.

Ventas de vehículos eléctricos / Bloomberg Finance

Según los cálculos de Bloomberg esa «decisión binaria» de dejar los combustibles fósiles a favor de las opciones eléctricas podría tener su momento clave en la década de 2040. En ese año un coche eléctrico normal costará unos 20.000 euros, lo mismo que el equivalente de gasolina. Y entonces calculan que uno de cada tres coches vendidos (35%) será eléctrico. Este dato se enfrenta a las previsiones de la OPEC (Organización de Países Exportadores de Petróleo) o de petroleras como Exxon, que consideran que tan solo entre el 1 y el 2 por ciento de los nuevos vehículos serán eléctricos.

El factor tecnológico a tener en cuenta –y que quizá se ha infravalorado– es que casi un tercio del coste de fabricación de estos coches son las baterías. Es lo que hizo que en 1900, ni 1910, ni 1920 (etc) fuera práctico usar estos coches respecto a llenarlos con gasolina: un opción demasiado cara y sin apenas autonomía para el vehículo. Pero este panorama ha cambiado: con los barriles de petróleo caros e inestables la irrupción de los coches eléctricos podría tener unos efectos difíciles de calcular. Para mediados de la década de 2020 los vehículos eléctricos podrían haber dejado de usar tanto petróleo (2 millones de barriles al día) como el que provocó la caída de precios de 2014, cuyas consecuencias todavía observamos a nuestro alrededor.

Pero hay cierta complicación en las predicciones de Bloomberg, cuyos datos –más bien optimistas– juegan con un crecimiento de casi el 60 por ciento anual para los eléctricos: para que estos coches se muevan necesitan que sus baterías se recarguen, y esa recarga requiere electricidad generada por otros medios. Los gráficos muestran que sería fácil que hacia 2025 se necesiten 50, 100 o 200 veces más gigawatios de electricidad a nivel global que hoy en día – algo de seguir ese crecimiento hasta 2040 supondría el 10 por ciento de toda la electricidad que hoy en día generamos en el planeta. Muchos aerogeneradores eólicos y muchas placas solares habría que instalar para dar a basto con tanta demanda – pero ahí queda el dato.

Ya sea un 1 por ciento o un 35 por ciento, como calcula Bloomberg, lo cierto es que en 10, 20 o 25 años el panorama en las ciudades y carreteras será bastante diferente; no solo con muchos vehículos poco o nada contaminantes sino también con necesidades de los nuevos tiempos: electrolineras, nuevos tipos de baterías, generación de electricidad a gran escala… Probablemente recordaremos los últimos años como «aquella época en la que prácticamente todos los vehículos que circulaban eran altamente contaminantes». Si las preocupaciones por una hipotética crisis futura del petróleo no nos tiene entretenidos con otras cosas, claro.


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