Volvo / Autopista con imanes

Idealmente, las innovaciones técnicas que se han ido incorporando en los vehículos deberían permitirles ser autosuficientes. En ocasiones requieren de alguna modificación en las infraestructuras por las que circulan, tales como las redes de comunicaciones o sensores, encareciéndolas. Si gracias a eso se consigue alguna ventaja, valoraremos entonces si compensa o no lo que proporciona cada «invento».

Ahora Volvo está experimentando con una tecnología que serviría para todo tipo de vehículos autónomos –pero también los convencionales– que consiste en utilizar unos imanes incrustados en los carriles de las carreteras para guiar de forma precisa a quienes circulan por ellas.

Y es que uno de los principales problemas de los sistemas automáticos es que la precisión de sistemas de geolocalización como el GPS, en ocasiones, es ligeramente insuficiente: su precisión es de unos pocos metros, incluso cuando hay la mejor cobertura y visibilidad. Hasta que lleguen nuevos sistemas de navegación que mejoren las cámaras o el GPS, como los satélites europeos Galileo (que se espera para 2014), tecnologías menos espectaculares pero más prácticas como esta pueden ser una buena alternativa.

La forma en que funcionan estos «carriles imantados» es fácil de entender: los imanes de ferrita se incrustan cada pocos metros y tienen un tamaño muy pequeño (40 x 15 mm), creando de ese modo una especie de patrón sobre la calzada, que se convierte en una especie de «vía virtual». Esto hace que los coches puedan circular casi como si fueran trenes, cada cual por su carril perfectamente definido. De hecho, la precisión que alcanza es de unos pocos centímetros, más que suficiente para la mayoría de las aplicaciones. El pavimento con estas señales magnéticas funciona sin problemas en diversas condiciones medioambientales y se considera muy resistente.

Este tipo de ideas no son solo adecuadas para los vehículos sin conductor, que siguen evolucionando rápidamente: además de esto pueden servir como nuevos sistemas de seguridad activa, por ejemplo a modo de aviso si los coches se salen de su carril. Si su uso se extendiera, los carriles de las autopistas podrían ser más estrechos –aun manteniendo la misma seguridad– y por tanto aumentar su capacidad. Además de eso también pueden servir para proporcionar información acerca del estado del pavimento o las condiciones atmosféricas.


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