Mapa de Madrid desde el aire / Google Maps

Como tantas otras ciudades del mundo, los atascos de Madrid son tan famosos y legendarios como la propia ciudad: entre los más de tres millones de habitantes está grabado el mantra de que a finales de mes hay atascos, si llueve o caen apenas cuatro gotas hay atascos y que si hay algún pequeño accidente en las vías de acceso hay atasco. Esto significa que en diversos momentos del año está casi aceptado como «normal» que quienes hacen en coche un trayecto de entrada desde las ciudades y pueblos circundantes se encuentren con atascos de una o dos horas – como ha sucedido ya un par de veces en los últimos meses.

¿Es la situación ahora más complicada que hace unos años? El análisis matemático, económico y de ingeniería tiene algunas respuestas: en las grandes ciudades, el aumento de población y de vehículos intenta compensarse con nuevas vías de acceso y zonas de aparcamiento, para optimizar el flujo y minimizar los tiempos de transporte. Pero no parece que eso sea suficiente. La web Nación Rotonda, que analiza éste y otros aspectos de la circulación vial y las infraestructuras realizó una excelente explicación paso a paso de las causas de los últimos atascos de Madrid, que colapsan la Nacional I – y que podrían aplicarse pronto a otras ciudades de gran tamaño.

En ese análisis se explica por qué la construcción de nuevos barrios –en ocasiones semideshabitados por la crisis– y de «núcleos atractores» –grandes empresas y edificios de oficinas– provocan un flujo de tráfico inusual para el que no están capacitadas las vías actuales. Basta que se sumen las famosas cuatro gotas o el típico accidente de chapa para crear la tormenta perfecta.

Una vez tenemos claro esto, es necesario comprender por qué la solución más obvia no es la mejor. Construir autopistas de acceso con más y más carriles no mejora el tráfico a largo plazo: simplemente atrae a la carretera a más gente que actualmente no usa el coche, lo que provoca nuevos atascos, nuevas presiones de la opinión pública porque la circulación está fatal, creación de nuevas autopistas… Es una perversa pescadilla que se muerde la cola, lo que los urbanistas han llamado la teoría del agujero negro en la inversión en autopistas.

El Agujero Negro de las autopistas

Las soluciones no son evidentes, ni rápidas, pero pasan principalmente por una mejora el transporte público – no tanto en cobertura como en capacidad, velocidad y eficiencia, para que se vuelva a ver como «una solución rápida y cómoda». Además de esto las medidas disuasivas como la instalación de más parquímetros o la implantación de peajes para entrar en la ciudad podrían hacerse realidad; naturalmente habrían de ir acompañadas de otros detalles: creación de nuevas zonas de aparcamiento, carriles VAO (vehículos de alta ocupación) y la verdadera promoción de medios de transporte más ecológicos para trayectos reducidos, como la bicicleta.


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