Los coches autónomos sin conductor están a la vuelta de la esquina: Google ya ha ultimado su prototipo definitivo y cada vez son más los fabricantes que anuncian sus avances y nuevos modelos en este campo. El hecho es que en unos años podremos viajar en coches sin conductor, una vez se superen algunas dificultades legales y técnicas. ¿Cuál será una de sus primeras aplicaciones?
Coche autónomo de Google
Contrario a lo que se suele pensar, es más probable que los veamos realizando tareas específicas a que los compremos en los concesionarios para nuestro uso particular. Entre las sugerencias que se están manejando están el transporte de mercancías o su papel como «taxis robóticos», que se comportarían casi como pequeños tranvías.

Toda estas aplicaciones tienen unas connotaciones ecológicas y de sostenibilidad muy interesantes: se sabe que usando vehículos autónomos como taxis –que normalmente serían eléctricos– circularían de forma menos contaminante y por rutas mejor elegidas; incluso los que utilizaran combustible convencional lo harían de forma optimizada y menos brusca. Estos ingenios también ayudan a descongestionar la ciudad de tráfico particular innecesario, evitando la contaminación de otros vehículos. Otra ventaja obvia es que estos vehículos-taxis tendrían una plaza libre adicional para los pasajeros. Y finalmente, pero no por ello menos importante, resultarían también más silenciosos y eliminarían contaminación acústica.

A este respecto un equipo de expertos en ingeniería civil de la Universidad de Austin (Texas, Estados Unidos) han preparado un trabajo para mostrar al ayuntamiento de la ciudad en la que se analiza de forma matemática mediante simulaciones cómo una flota de taxis robóticos autónomos de uso compartido podría suponer una gran opción para las mejoras del tráfico en la ciudad.

La idea se ha probado en más de 100.000 simulaciones sobre mapas reales de la ciudad, cambiando todas las variables posibles: en ellas cientos de personajes virtuales solicitan un taxi para ir de uno a otro punto, según los datos demográficos de los que se dispone. Al igual que en muchas grandes ciudades, el servicio se optimiza utilizando pequeños taxis de capacidad media (8 a 12 personas) que selecciona las mejores rutas según el callejero y el estado del tráfico en tiempo real. El resultado es que los viajeros deben esperar o caminar menos de cinco minutos para encontrarse con uno de estos taxis: el 98 por ciento accede al servicio en menos de diez minutos.

Rutas de la simulación de los taxis-robots

El resultado del estudio concluye que toda la ciudad –de unos 900.000 habitantes– necesitaría una flota de unos 1.700 vehículos robóticos para dar servicio consistente al público en unos 56.000 viajes/persona al día. El tiempo medio de espera sería de entre 1 y 2 minutos y tendrían una vida útil de unos 7 años y cerca de 400.000 km.

La parte económica del asunto resulta no menos interesante: para el público las tarifas de los trayectos podrían reducirse hasta una a una tercera parte. Y para las empresas que gestionan las flotas de taxis la inversión, de unos 60.000 euros por vehículo, calculan que podría generar un 20 por ciento de beneficios anuales.


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