En muchas ocasiones no basta con tener lo que creemos que es una buena marca, un buen nombre y una identidad corporativa que hacemos nuestra de manera inmediata. Lo más importante, a todos los efectos, es que nuestra marca sea reconocible, que “se venda” por sí misma, y que los compradores adopten una actitud positiva hacia ella con su sola mención.

¿Cómo podemos conseguir que los consumidores conozcan nuestra marca y valores? ¿Cómo lograr una conexión sólida con ellos, que nos reconozcan y que adopten nuestro nombre como sinónimo de producto o de servicio? Veámoslo con un puñado de claves sencillas, pero muchas veces ignoradas.

Los sentimientos primero

No hay nada más potente para atrapar al consumidor que disponer de una marca con una historia detrás. Ya sea la felicidad o la satisfacción, o cualquier sentimiento positivo que podamos asociar con nuestro producto o servicio, el consumidor responderá positivamente a ello y conectará de manera natural. Nuestro cerebro está programado para reaccionar ante sentimientos y sensaciones de manera más natural que ante datos, informes y estadísticas.

Somos seres racionales, pero nos movemos antes frente a un sentimiento de algún tipo, que ante las evidencias. Por tanto, es importante poder tejer una historia que conmueva, que conecte y que cale hondo entre nuestro público objetivo.

Sinceridad, transparencia

Nuestra marca ha de ser fiel a lo que representa. Es decir, no podemos pretender ser otra cosa que la que somos, y los mensajes, claims, lemas y todo lo que significa identidad de marca ha de ir bien encaminado hacia ese objetivo. Lo importante es resolver problemas, satisfacer la demanda del consumidor y estar alineado con ello desde el principio.

El valor de tus contenidos debe ser global, no centrado 100% en tu producto

Los contenidos son importantes para construir una marca, para desarrollar relaciones con los consumidores y para llevarlos de la mano en su “viaje” hasta convertirse con compradores fieles. Es cierto que algunos contenidos pueden estar centrados en el producto o servicio, pero no deberían ser mayoría. Al revés, es conveniente crear grandes contenidos que cimenten esas relaciones y que ayuden a los consumidores a tomar decisiones informadas y bien meditadas. En el fondo, son contenidos que nos ayudarán a convertirnos en una referencia para resolver dudas o ser alguien a quien acudir para resolver un problema.

Que nuestra vocación sea de la “el cliente primero”

Si vendemos un producto o damos un servicio, nuestra vocación debe ser la de atender a nuestros clientes por encima de todo. Sí, tenemos nuestros planes de marketing, las acciones publicitarias (¡y en algún momento hay que vender!), pero si los consumidores perciben que nuestro servicio y atención es completo y con verdadera vocación de resolver los problemas, estaremos creando una marca que rápidamente se asociará a eso mismo: somos aquellos en quienes confiar cuando necesitan algo. Y eso se queda marcado a fuego en la memoria del cliente.


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