navegación tienda online

Entre los muchos frentes que debemos manejar a la hora de poner a punto un negocio online, los contenidos y su organización es de las más decisivas a la hora de vender. Sí, el diseño tal y como se entiende normalmente, la disposición de los elementos y todo el apartado visual tienen su importante función a la hora de captar la atención, pero la organización de los contenidos y las propiedades de navegación de tu ecommerce son fundamentales para conseguir la venta. Y, por supuesto, para que nos encuentren a través de Google y otros buscadores.

No dejes que tu tienda abarque más que tu catálogo

No hay que caer en la tentación de exponer más contenidos y productos de los que en realidad tenemos disponibles. Esto, que parece algo de cajón, se revela como un error bastante común: mostrar categorías de productos o contenidos (a partir de ahora hablaremos de contenidos, pero nos referiremos también a productos) vacías. Muchas veces esto sucede porque planeamos tener ese producto, o estamos construyendo esa sección de la tienda, pero la imagen de cara al cliente es mala.

Si nos referimos, más en general, a páginas de producto, blogs, o cualquier soporte para contenidos de texto, es más evidente aún. Podemos contar por decenas los sitios en los que se nos ofrecen múltiples categorías que contienen uno o dos contenidos, y nada más. Hay una regla no escrita que nos dice que las categorías (temáticas o de producto) han de ser las mínimas posibles. Esto significa refinar, refinar y volver a refinar hasta que tengamos, por lo general, cuatro, cinco, seis categorías. No muchas más, aparte de secciones bastante estándar como un “Sobre nosotros”, “Aviso Legal”, etc, que no hemos contabilizado.

Lógicamente, hablando de ecommerce, podemos profundizar más creando un árbol de contenidos: categorías con subcategorías a varios niveles. Si por ejemplo nos planteamos cinco categorías de producto, normalmente vamos a abarcar muchos productos estableciendo buenas subcategorías. Por muchas subcategorías que dispongamos hemos de reducir al máximo sus categorías “padre”. En una tienda de ropa podemos plantear al cliente dos categorías iniciales: Hombre y Mujer. A partir de ahí, profundizaremos afinando la búsqueda del producto, pero inicialmente nos sobra con mostrar dos posibles categorías.

Organiza las categorías de acuerdo a lo que tus clientes valoran

lo más vendido

Una vez tenemos las categorías justas y necesarias, llega el momento de organizarlas en la página. Esto es sencillo para una tienda online a medida que pasa el tiempo y se suceden las visitas, pero solo si nos tomamos en serio la medición de resultados. A partir de la analítica de datos básica sabremos qué categorías funcionan mejor; cuáles atraen más usuarios desde los buscadores; qué productos vendemos más. Esos productos, esas categorías que triunfan… ¡son las que hemos de colocar en lugares más visibles que las demás!

Esto es matizable, porque si no disponemos de un buen diseño es posible que hayamos perjudicado, sin saberlo, categorías de productos con potencial, y que una simple reorganización de la página, o un mejor trabajo a nivel de texto (mejores textos descriptivos, mejores titulares) ponga las cosas en su sitio. ¿Cómo detectar estas carencias? Mediante tests A/B de toda la página. Una vez asumido que hemos llegado a un diseño aceptable que no tape alguna categoría per se, es cuando debemos comprobar qué potenciar.

Hace poco tiempo hablamos sobre marketing contextual (e inbound marketing) como una herramienta para conocer mejor a nuestros clientes. Entre esto y las herramientas típicas de analítica, podremos empezar a discernir qué destacar. Podemos ceñirnos a la estacionalidad de ciertos productos; o bien pensar en qué estamos vendiendo más ahora; también centrarnos en destacar aquéllo que deseamos vender más; o anticiparnos a las tendencias gracias a Google Trends o al planificador de AdWords.

Cuidemos los textos: son importantes

Centrémonos en lo realmente importante, una vez ‘colocados’ todos los elementos y decidido qué destacar o potenciar: el texto. Con el texto conseguiremos cerrar una venta, o espantar al cliente. Si conseguimos dar con titulares o descripciones de producto que se ciñan como un guante a las necesidades del cliente, a lo que busca, hemos dado en el clavo; si divagamos, si nos dejamos llevar por el lenguaje publicitario… probablemente estemos desanimando a algún comprador. Pensemos que si ha llegado hasta ese punto, hasta la página concreta del producto, lo conocerá y no necesitará que se lo vendamos.

En ese punto hemos de centrarnos más en descripciones de producto concisas, al grano y sin demasiados adornos; hemos de poner claro por escrito, al inicio de la acción de compra, cuánto va a costar el envío, si es gratis y por qué o en qué condiciones, cuántos días tarda, si existe una opción para acelerar el envío y qué coste tiene… En definitiva, toda la información posible, en el mínimo espacio. Fallar en esto significa, o bien perder la venta, o bien realizar una venta a regañadientes, cuyo comprador no va a regresar jamás.

Cuidar los textos es muy importante: clave para el negocio. No dejemos que un mal texto haga que se resientan las ventas.

En resumen, debemos disponer de las categorías necesarias, y no más, para no confundir al comprador (y disponer productos y contenidos siempre, sin dejar ninguna vacía); debemos organizar dichas categorías según lo más popular, demandado, estacional o lo que más queramos promocionar; y nunca debemos descuidar las descripciones de producto, las condiciones y el eslogan de nuestro ecommerce.


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