¿No parecen algunas cajas y bolsas que llegan del supermercado «medio vacías»? Y no, no estamos hablando de la famosa reduflación, sino del aparente misterio de la «desaparición» física dentro de las propias cajas y bolsas de alimentos como los cereales, el café, los garbanzos o similares.

Ese efecto es real, tal y como se puede comprobar con una balanza si se compara lo que marca con la cantidad en peso indicada en el envase: no hay una mano negra, ni «duendes del supermercado». La ciencia y el ciclo de transporte de unos lugares a otros pueden explicar perfectamente la razón.

Las leyes físicas que explican el misterio

El misterio de las cajas de cereales «medio vacías» / Imagen: GPTLa ciencia nos dice que durante el transporte de esos productos que viajan en bolsas y cajas, las vibraciones, los pequeños golpes y la mismísima gravedad hacen que las partículas se recoloquen y asienten a su antojo. Técnicamente se conoce como «percolación».

El caso es que cuando hay alimentos más grandes que otros en la misma caja o bolsa, los pequeños se mueven más y acaban rellanando mejor los huecos, de modo que su aspecto acaba siendo más compacto. Con el mismo peso, ocupan menos volumen, dando la impresión de que las cajas vienen medio vacías: ahí está el misterio. En realidad, es que casi todo el producto está «abajo». Los científicos conocen perfectamente el efecto, que depende de la forma de los productos, el tamaño relativo de los huecos, el rozamiento… Incluso han hecho pruebas inclinando las cajas para ver su comportamiento; parece que lo ideal para evitarlo serían 45 grados, pero por desgracia es algo poco apropiado para un lineal.

El viaje de los productos

Los materiales granulares, como los cereales, el arroz o los macarrones, no son un bloque compacto, como pueda ser un queso, un tarro de yogur o una botella de aceite. Cuando se envasan, quedan colocados de forma más o menos aleatoria. Pero esas cajas y bolsas viajan a través de cintas transportadoras, palés, camiones, furgonetas y finalmente llegan a las estanterías de los supermercados… o a veces siguen su viaje en otra furgoneta hasta el domicilio de los clientes que han comprado online, llegando allí en cestas, carretillas, ascensores… La gravedad hace el resto. Cada sacudida es una nueva oportunidad para que los granos encuentren más huecos y caigan a una posición más estable. Los huecos grandes desaparecen, los pequeños se rellenan y el conjunto se vuelve más denso y con un centro de gravedad más bajo.

En esos viajes, por cortos que sean, cada tramo aumenta las vibraciones y pequeños impactos, lo que a veces incluso rompe algunos de los alimentos más frágiles (ej. patatas fritas, cereales). En las mezclas de productos similares con tamaños distintos puede incluso producirse una separación natural: algunos se van al fondo y otros acaban arriba, cambiando aún más el aspecto del paquete. Un ejemplo son las bolsas de «mezcla» de frutos secos: los cacahuetes pelados más pequeños acaban abajo, las nueces grandes arriba. Pero no es magia, es pura optimización física y natural del empaquetamiento.

Espacio vacío funcional

El misterio de las cajas de cereales «medio vacías» / Bolsa de patatas fritas Lay’s GourmetEl llamado espacio vacío funcional (slack-fill) se concibió en el diseño industrial para proteger ciertos productos del aplastamiento natural de las bolsas y para facilitar el asentamiento normal del contenido. Curiosamente, aunque es poco conocido, lo que rellena muchas de esas bolsas es nitrógeno, no aire (de hecho, el aire que respiramos también es 78% de nitrógeno y solo 21% de oxígeno). Que sea solo nitrógeno, un gas casi inerte, retrasa la oxidación, lo cual es positivo. Y también se cuenta con que el efecto-colchón al «inflar» las bolsas evite que los snacks más frágiles se puedan romper.

Pero, claro: ese espacio vacío funcional da la impresión de estar restándose de la bolsa o la caja completa, y es normal que los consumidores lo consideren «un poco engañoso», algo que ya iría más allá del «misterio». Por eso la normativa de consumo europea es clara:

  • Ese espacio debe aparecer denominado como «envasado en atmósfera protectora», aunque técnicamente a veces se llama simplemente «espacio libre» o «cabeza de bote».
  • En el envase debe aparecer siempre la cantidad neta de producto (litros, mililitros, kilogramos o gramos).
  • El envase no debe inducir a error.

Así que la próxima vez que veas que la bolsa del interior de una caja de cereales parezca haber adelgazado sin permiso y te parezca un misterio, lo más probable es que estés viendo una pequeña lección de física aplicada en directo. No, el contenido no se ha ido a ninguna parte. Simplemente ha encontrado una forma mejor de recolocarse.


Tags: