Si hay algo básico a la hora de enviar un paquete o darle los datos a alguien que tiene que enviárnoslo es escribir la dirección correcta. Todos sabemos a dónde queremos enviar sobres y cajas, o bien dónde vivimos, trabajamos y queremos recibir lo que nos envíen, pero… ¿Lo hacemos correctamente? No siempre. Y cuando se producen los fallos, el coste puede ser grande, especialmente en tiempo y a nivel de emisiones contaminantes, dado que el paquete puede acabar «dando vueltas» de un sitio para otro hasta que se consiga resolver la situación.

Y es que todos hemos escrito alguna vez una dirección demasiado deprisa. Eso propicia que a veces se anote un número equivocado, un código postal incorrecto o simplemente falten datos, como el piso, letra, escalera, portal… Parecen errores sin importancia, pero para la empresa de reparto pueden suponer varios kilómetros adicionales, un segundo intento de entrega, llamadas telefónicas, desvíos de la ruta e incluso el regreso del paquete a la nave logística. Multiplicado por miles de envíos, esos pequeños fallos terminan teniendo un impacto medioambiental nada despreciable.

Los errores más habituales

El coste medioambiental de una dirección mal escrita: cuando un pequeño error aumenta las emisiones / Imagen: ChatGPTEstos son algunos de los errores más comunes que suelen darse. Lo curioso es que parecen fáciles de evitar a nada que se ponga algo de cuidado al preparar los datos, ya sea para el envío o para la recepción, lo cual no retrasa más de unos segundos la preparación:

  • Número del portal incorrecto.
  • Falta el piso, puerta o escalera.
  • Código postal equivocado.
  • No indicar que se trata de una empresa, o su nombre.
  • Nombre de la calle incompleto o incorrecto.
  • Municipio o localidad erróneos.
  • Errores tipográficos en la dirección.
  • Nombre del destinatario incompleto o incorrecto.

Para una empresa de paquetería no siempre es posible validar automáticamente que una dirección sea realmente la que pretendía indicar el remitente: los números de portal, pisos y letras pueden ser cualquiera, los códigos postales son importantes pero no siempre definitivos (y suelen ser la primera selección cuando se organizan los envíos), y a veces es imposible hacer la entrega a una persona concreta en una gran empresa u oficina (o intuir si el paquete es para un domicilio o para alguna de las tiendas que están en el mismo edificio).

El coste medioambiental de una dirección mal escrita: cuando un pequeño error aumenta las emisiones / Imagen: ChatGPTDicen los carteros, que de esto saben mucho, que es el receptor quien mejor sabe escribir su dirección para que le lleguen los paquetes. Mejor que cualquier sistema o validador automático. Y, en caso de dudas, hasta existe un Manual de la Unión Postal Universal con recomendaciones (y un estándar, el S42). Por eso casi todos los formularios tienen un campo de «dirección» y otro de «dirección (adicional)» o «dirección (complementario)» en el que se pueden incluir esas indicaciones: el número de un chalet, de nave en un polígono, el local de un centro comercial, el departamento de una empresa… Pero hay que asegurarse de que es correcto y que tanto carteros como mensajeros saben llegar.

Un problema típico es olvidar el código postal, o usar el de casa para la empresa, o un código antiguo tras una mudanza por error. Esto puede enviar los paquetes a una zona de clasificación errónea y hacer perder tiempo a todos. No menos típico es olvidar el número de casa o chalet en una urbanización grande: si ese día no está el conserje quizá el mensajero no pueda localizar a la persona que debería recibir los paquetes.

En los envíos internacionales conviene extremar estas precauciones, indicando los códigos postales completos, localidad y nombre del país, normalmente en el idioma local y también en inglés o algún idioma fácil de reconocer.

Una sugerencia final: incluir si es posible un número de teléfono de la persona receptora, que permita contactar con el destinatario en caso de incidencia.

Los pequeños errores en cadena

Cuando la dirección no es correcta los problemas van a veces más allá de un simple retraso o reintento. El vehículo de reparto permanece más tiempo circulando, así que aumenta el consumo de combustible o electricidad. La planificación del resto de entregas se altera y, en muchos casos, es necesario realizar varios intentos o llamadas para resolver el problema. Lo peor que puede suceder es que el paquete acabe volviendo al centro de clasificación del que salió, para programar una nueva entrega cuando alguien verifique a dónde va realmente.

Cada una de esas operaciones supone en definitiva más kilómetros recorridos por las furgonetas, más tiempo dando vueltas por las ciudades y globalmente una utilización menos eficiente de las rutas y vehículos. Y aunque las consecuencias de un envío fallido pueden ser pequeñas, cuando se acumulan miles cada día, la huella ambiental de todas ellas deja de ser anecdótica.

Direcciones correctas = mayor sostenibilidad

La calidad de los datos juega un papel importante en la sostenibilidad de todo el proceso de envíos y entregas. Una dirección completa, correcta y actualizada permite planificar mejor las rutas, minimizar las incidencias y aumentar el porcentaje de entregas correctas a la primera. Es, probablemente, una de las formas más sencillas y menos conocidas de que cualquiera pueda contribuir a que todo el proceso sea más eficiente y sostenible. Sólo hace falta rellenar bien los formularios.


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