Carriles bici en Nueva York

Añadir carriles bici al trazado callejero de una ciudad no siempre es fácil. Hay un montón de consideraciones a tener en cuenta: la seguridad de peatones y ciclistas, evitar las congestiones debido a la pérdida de capacidad y finalmente las inconveniencias de restar plazas de aparcamiento a zonas ya de por sí «superpobladas». Por esto a la gente de Core 77 le resultó curioso dar con un estudio acerca de los carriles bici «protegidos» de la Ciudad de Nueva York [PDF] donde se muestra una forma de hacerlo.

El estudio contiene muchas cifras pero también fotografías de los carriles de la ciudad y de las soluciones estudiadas, con esquemas e información estadística sobre accidentes y flujos de tráfico. Básicamente cada calle es un mundo, pero aplicando los mismos principios se ha llegado con el tiempo a una solución que combina un carril para ciclistas, otros de automóviles y autobuses, filas de aparcamiento, «islas» para peatones y zonas separadoras de seguridad.

Uno de los principios planteados, por ejemplo, es no mezclar los carriles bici con las aceras de peatones para evitar atropellos e incomodidades entre bicicletas y paseantes. Otra es que las bicis circulan junto a la acera, pero hay una separación de casi dos metros hasta la fila de aparcamientos. ¿El objetivo? Evitar los accidentes cuando se abren las puertas de los coches, uno de los peores temores para ciclistas y causa habitual de lesiones si no de algo peor.

Esquema de algunos carriles bici de Nueva York: antes/después

Otra de las soluciones que dio buen resultado fue «estrechar» un poco los carriles para coches, reduciéndolos entre 30 y 90 centímetros (o incluso combinando dos carriles estrechos en uno más ancho). Sorprendentemente, este efecto apenas afecta a la capacidad de tráfico –los coches simplemente se juntan más– y mantiene el volumen total casi inalterable. En muchas filas de aparcamiento se añadieron de paso las islas peatonales y, ya de paso, algunos árboles.

En Nueva York casi todas las calles son de un solo sentido: esto permitió situar los carriles bici a la izquierda según la dirección de la marcha. Era una forma de evitar los conflictos entre bicis y coches que hacen una especie de «stop» antes de girar a la derecha (algo que allí está permitido con el semáforo en rojo, a menos que se indique lo contrario). En el caso de los giros a izquierdas, se habilita una especie de «carril de salida» especial pintado sobre la calzada y hay un semáforo luminoso extra para que coches y bicis no se interfieran.

El resultado: un 17 por ciento menos de colisiones en bicicletas y un 22 por ciento menos de atropellos a peatones, en una ciudad en la que han ido disminuyendo poco a poco los volúmenes de tráfico contaminante mientras que aumenta el uso de la bicicleta y otros medios de transporte alternativos. Además de eso: más de cien árboles plantados en unas pocas calles, una reducción de casi el 15 por ciento en llegar a los destinos y mayores ventas para las tiendas de la zona.


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